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La política como un reflejo de la sociedad

Se ha puesto muy de moda ser críticos de nuestra clase política y representantes, cuestión que no deja de ser necesaria, principalmente en un sistema político que dice considerarse democracia participativa. Los ciudadanos nos encontramos en la plena facultad de exigir a nuestros representantes que respondan por las necesidades urgentes y cumplan con sus promesas durante campaña. Cuando somos testigos de que dicho deber no se cumple, nos decepcionamos y creamos una atmósfera de desconfianza e incertidumbre interminable. 

Sin embargo, rara vez reflexionamos sobre la idea de que nuestra clase política termina siendo el mismo reflejo de la sociedad, aquí y en cualquier parte, por tanto, ¿Será que sí representan quiénes somos, mas no, el cambio que esperamos? Las mismas artimañas, viveza criolla, prepotencia, individualismo, omisión de la ley, son pan de cada día en el andar cotidiano, entorno familiar, convivencia con vecinos o la cultura de tránsito. Dichos rasgos son evidenciables una vez que llegan a puestos de representación en su círculo social y asociaciones gremiales que no dejan de ser formas orgánicas de participación política. 

La poca cultura de ahorro que caracteriza a la familia promedio, procede en mayor escala cuando se manejan recursos ajenos, y por consecuencia, despilfarro e incapacidad de respuesta ante las crisis. Existen problemas estructurales más profundos que caben en otro análisis. No obstante, este conjunto de costumbres, entre otras tantas, nos van formando como sociedad civil, dentro de la cual surgen nuestros representantes. Aunque no podemos descartar que existen ciudadanos con ímpetu de servicio, sin llegar a ser políticos, mismos que prefieren permanecer en sus espacios. 

No olvidemos que la política es el arte de servir, no solo ser funcionario. Tal vez es momento de que comencemos a tomar responsabilidad por nuestras acciones como ciudadanos y poder estar a la altura de exigir funcionarios dignos de sus cargos y que realmente nos representen. Sin intención de dibujar un panorama negativo, más bien, que nos incentive a comenzar a involucrarnos en los espacios de participación que tanto necesitan de voces disidentes de la política común.

 

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