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Romance de la década de la crisis

No podemos permitirnos otra decepción, la realidad en la que vivimos es catastrófica: nuestros partidos han transmutado de la visión social a la visión empresarial. Sin embargo, es una receta vieja: cazar un rostro que agrade (o uno que imponga), una boca que no tartamudee, una carta blanca ideológica, sin ataduras, aunque puede venir con escándalos pero ninguno muy grande. Un producto ideal para el consumo masivo, no nos sorprende. 

Nuestros partidos políticos, abundantes y con redes tan extensas, han fallado en su única misión: identificar. Podríamos pensar que su misión es representar, pero me atrevo a decir que ese es en cambio, su deber. Y al contrario de todo su esfuerzo, han fallado en encontrar un rostro que les identifique. No hay una persona que caracterice las convicciones ideológicas que profesa su organización, sólo hay personas externas dispuestas a firmar un contrato vacío de moral. Lo más popular es ser de centro, ni de allá ni de acá.

Nuestro corazón está muy viejo, ya no confiamos en alguien que se califica como un “político”. ¿Acaso eso significa que confiamos más en los outsiders, en alguien que se postule pero que sea ajeno al quehacer público? En alguien que en su candidatura, se declare como algo más que un motor de cambio, en alguien que no parezca haber caído víctima de la droga del poder. Porque no importa cuánta serenata canten por las calles, universidades, radio o televisión; no importa cuántas veces digan que se puede solucionar la emergencia, sacar adelante al país. Somos ciudadanos de la crisis. No queremos leer planes de gobierno que se quedan en planes porque no hay tiempo, no hay presupuesto, no hay colaboración. No queremos una relación a distancia con nuestro representante. Conocemos nuestros problemas, y los conocemos de muy cerca. ¿Nuestros candidatos los conocen?

Entonces, nos quedamos con más y más preguntas, porque no sabemos de lo macro pero sí de lo micro. Si incluso nuestros partidos sufren una crisis de identidad e ideología, ¿qué mapa podemos tomar los ciudadanos para orientarnos en el laberinto de propuestas y candidatos? No encontramos una oportunidad de reconciliar nuestros valores con los currículums vitae de opciones a estudiar previo al día de las votaciones. Con la tan poca confianza de personas a políticos, del ejecutivo al legislativo, ¿cuál es la identidad del votante ecuatoriano y por qué está tan fragmentada?

Ofrezco una receta de supervivencia de tres, aunque no simples, pasos. Primer paso: identificar nuestro orden de prioridades, sea seguridad, salud, economía, entre otras. Segundo paso: encontrar un binomio, conocerlo y definir qué tan cercano es con nuestras preocupaciones. Tercer paso, lanzar una moneda al aire en la larga fila para votar, creer o no creer en quien elegimos, pero ser fiel a nuestras convicciones. Y por último, un recordatorio: es heróico confiar en las personas a quiénes encargaremos de representarnos, una vez más porque no podemos permitirnos otra decepción. Nuestro corazón está muy viejo en años de desilusiones políticas. 

Comentarios
  • Laura Karina Samaniego Camatón
    9 meses ago

    De los mejores escritos que he leído en estos días, sin postura política subliminal, sino más bien haciendo tomar conciencia de la enorme responsabilidad que tenemos ante la elección, y ante quien resulte electo. Debemos ser capaces de aportar a nuestra nación, y también de ser un poco más crítico-solucionadores.

    Gracias por invitarnos a ver más allá de la decepción.

  • Viviana Elizabeth Lopez aray
    9 meses ago

    Excelente artículo. 👌

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